Correr en la naturaleza exige concentración, fuerza y reflejos. Pero cuando el terreno se vuelve extremo, el mayor de los desafíos no está solo en las piernas, sino en el trabajo en equipo. Este fin de semana, los misioneros Sebastián Bogarín y Silvio Blanco volvieron a demostrar que en el trail running los verdaderos límites solo existen en la mente.

Si alguna vez corriste una carrera de montaña, sabés que el circuito no perdona. Raíces, piedras sueltas, desniveles pronunciados y terrenos técnicos son moneda corriente. Para la mayoría, el reto es físico y respiratorio. Para Sebastián, un atleta con discapacidad visual, el desafío es además una experiencia profundamente sensorial, basada en la percepción, la intuición y, sobre todo, en la confianza inquebrantable depositada en su profesor, amigo y guía: Silvio.

Este último fin de semana, el dúo volvió a desafiar a la naturaleza en los exigentes senderos de Villa Alpina, Córdoba. Allí, se enfrentaron a la durísima distancia de 24 kilómetros, completando el exigente trazado, sumando una nueva medalla a su increíble historial y llevándose la ovación de todos los presentes.

De la Chacra 96 a las cumbres más altas

La historia de Sebastián (26 años) es un testimonio vivo de resiliencia. Criado en la Chacra 96 de la ciudad de Posadas, Misiones, perdió la vista por completo poco después de los 12 años debido a un glaucoma genético. Sin embargo, lejos de alejarse del movimiento, encontró en el deporte un estilo de vida.

Sebas no solo domina los senderos; también es jugador de fútbol para ciegos en el equipo “Los Magos”. Pero cuando se trata de la montaña, su dupla con Silvio Blanco, quien además de ser su guía es su entrenador, resulta imparable. Ambos representan con orgullo al Black Team, demostrando en cada largada la fuerza de los corredores de la tierra colorada.

El nivel deportivo de este equipo no deja de sorprender y buscan constantemente empujar la vara más alto. El año pasado, protagonizaron una verdadera hazaña al enfrentarse a la temible Vallas Skyrun en Catamarca. En esa prueba extrema de alta montaña, completaron 22 kilómetros con unos brutales 1.750 metros de desnivel positivo, logrando ascender a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar. A esa altitud, donde el oxígeno escasea, las piernas queman y cada paso pesa el doble, la sincronización entre ambos fue la clave para conquistar la cumbre.

El hilo invisible (y el visible) que los une

Verlos correr es presenciar una coreografía perfecta. Están unidos por una pequeña banda elástica que sostienen en sus manos. A través de la tensión de esa cuerda y de una comunicación verbal constante, Silvio le va “dibujando” el circuito a Sebas.

“Raíz a la derecha”, “escalón corto para subir”, “pozo a la izquierda”, “terreno liso, ¡aceleramos!”.

Silvio adapta su zancada para no entorpecer el ritmo, asumiendo la enorme responsabilidad de anticipar cada obstáculo en fracciones de segundo. Sebas, por su parte, pone el motor, el corazón y una valentía inmensa, entregándose por completo a las indicaciones de su amigo para fluir sobre el sendero. Uno es la brújula, el otro es la fuerza impulsora.

Más que correr, un acto de empatía

Historias como las de Sebastián y Silvio demuestran que el deporte se transforma por completo cuando hay empatía y una red de contención ( su hija Milena y su hermano Adrián, quien a veces también oficia de guía). Silvio no es solo un guía deportivo; es la mirada atenta de un amigo. Y Sebas no es solo un corredor; es la prueba de que la pasión por la montaña es capaz de derribar cualquier barrera.

En una disciplina donde a veces reina el individualismo y la obsesión por el reloj, ellos nos recuerdan la esencia más pura del trail running: la aventura de superarte a uno mismo, cuidando a tu compañero y respetando a la montaña que te permite correr..

Desde nuestra plataforma celebramos enormemente a este gran equipo. Ojalá sus 24K en Villa Alpina, sus durísimos 1.750m de desnivel en Catamarca y sus pasos por tantos otros rincones del país sigan inspirando a más personas a animarse a correr, y a más corredores a ofrecerse como guías.

La próxima vez que te cruces con ellos en una largada,aplaudí fuerte: a veces, la verdadera visión en el deporte se encuentra en el corazón y en el compañero que corre a tu lado.